viernes, 20 de mayo de 2016

El Cierzo del Estio


     EL CIERZO DEL ESTIO
                                                                     a  Mercedes Infante Castellanos

Quiero aprovechar tu amistad paredeña para saldar una deuda con un viejo vecino de tu pueblo palentino, de Paredes de Nava, y quejarme de su desconsiderado comportamiento con paredeños, amigos, forasteros y cuantas gentes llegan hasta aquí. Lleva años, siglos, afincado en el municipio, pero no te molestes en buscarlo, porque nunca figuró en el padrón, ni paga impuestos, ni nunca le hicimos un homenaje como a los geniales artistas del pueblo, incluso ya estaba aquí con los vacceos en nuestra Intercatia y quizás onduló también la melena de Jorge Manrique cuando se paseaba por estos páramos castellanos; pero, sin embargo, tantos años juntos y, en realidad, para conocerlo, hay que salir a la calle, al campo, pues allí tiene su domicilio, nunca se ausenta, casi siempre está presente, unas veces se muestra agradable, otras muy antipático y nos golpea en la cara, pero a pesar de todo, quiero decirte que él es nuestro, nos pertenece, y por ello también nos hemos permitido asignarle un "mote", como a todos, le llaman El CIERZO,. Así lo veo, así lo he visto y así quiero contarte cómo es este vecino nuestro, EL CIERZO.


EL CIERZO DEL ESTIO

 Y aquí, en esta meseta palentina, en nuestro pueblo, en la monotonía de este gran descampado, el aire se cansa  de ser tanto tiempo aire, y en el verano, cuando los días van queriendo ser noches y el cielo azul se tiñe de rojo atardecer, es cuando este aire denso, espeso y seco, quemado de tanto sol, quiere hacerse viento.
Y entonces, recalentado y sudoroso, ennegrecido a veces de oscuridad, aligerado de influjos solares y empujado por ansias de libertad, se desliza sin esfuerzo a todo lo largo y ancho de la desamparada llanura, campeando indiferente a parajes y linderos, a cañadas y veredas, a sembrados y calveros.
Y al principio lo hace muy despacio, suavemente, como si fuera brisa y ya más tarde, seguro de sí mismo, corre y corre cada vez con más fuerza, a veces con locura y lleva por delante lo que encuentra en estos campos de altozanos y llanuras.
 Y en las tardes de verano se le ve cabalgando con recuerdos de cosechas ya pasadas, mezclado con arenas de caminos, con deshechos de rastrojos y baldíos. Aquel tumulto arremolinado y polvoriento de sobrado poderío, con jirones de calores y de fríos, limpia pulcramente el terroso pavimento de los campos labrantíos.
Y con estas ventoleras estivales desfilan también los cardos de los caminos, cardos corredores que agazapados en la tierra, esperan la fuerza motriz que les dé la vida y buscando ilusionados su destino, corren sin rumbo por campos y caminos y todos al final llegan donde quiera llevarlos este viento aventurero y campesino.
Y los secos esqueletos de las plantas mesetarias, que ahijaron en invierno y en primavera florecieron, notan al anochecer que los acosan y los mueven, sienten que les roban sus semillas y el ladrón es el propio viento que, entre pliegues ventosos, las lleva  y  abandona allá, donde  comienzan los confines, donde las tierras ya terminan.
 Y siempre es áspero y sediento  y veces,  con las mieses de  los campos  tambiéh muy solícito y atento, sobre todo cuando ya  gruesas y pesadas, las espigas se encuentran de  mucho sol acaloradas.,  y   al atardecer, ellas sienten el fresco sabor de este viento que las mece y en alegre movimiento, en baile improvisado, con  murmullos musicales y forzados contoneos, agradecen.
 Y aunque no tenga quehaceres, siempre está presente, dicen de él que su gusto es tallar y moldear  esta tierra y que incluso, con su impetuoso soplo, quiere hacerla del todo plana, de desnuda y descubierta superficie, para deslizarse fácilmente, para así correr mejor. 
 Y este viento del  norte, frío y seco, inoportuno y descarado, ególatra y tenaz  y a veces violento, que en estas tierras nosotros  llamamos cierzo, pertenece, como los campos terrosos, como los cielos azules, como los páramos solitarios ,al paisaje de esta tierra castellana y aunque no tiene color ni rostro que enseñar, con el crudo sabor de su vigoroso aliento impregna,  tiñe, esculpe y forja a los hijos de estos pueblos castellanos.


José Herrero Vallejo

 

La huella palentina de Machado

 
LA HUELLA PALENTINA DE MACHADO

 Se quiere, y es de justicia, que nuestro poeta Antonio Machado, que tanto amó a la tierra castellana y en la que pasó parte de su vida dándonos lo mejor de su poesía, reciba aquí, en la Comunidad de Castilla y León, un homenaje íntimo de eterna admiración. No importa la circunstancia o el motivo para recordarlo, nosotros los castellanos debemos tenerlo siempre presente, pues el mensaje de su obra, cargada de vida, de sustancia, nos fortalece y nos recuerda los valores castellanos que este sevillano supo entresacar de las entrañas de esta tierra y plasmarlos en bellos y ardorosos versos.

    En mayo de este mismo año 2.025   se cumplen más cien años de su llegada a tierras castellanas, a la ciudad de Soria, en donde el paisaje, las gentes y especialmente su amada y joven esposa Leonor, fallecida en las mieles del matrimonio, marcarían una huella indeleble en su sensible personalidad que se refleja con fuerza en su naciente poesía.

    La vida lo llevó años más tarde a otra ciudad castellana, Segovia, en donde su fecunda alma de poeta arrastraba una pesada y honda tristeza, y sus escritos y actividad literaria derivaba a la crítica y ensayo, alejándose poco a poco de la poesía. Sin embargo, años más tarde, en 1.928, inesperadamente, reanuda sus publicaciones poéticas y sus lectores comprueban cómo sus versos están ahora llenos de alegría y su antigua vitalidad aparece en ellos. Y aparece también en ellos un bello y escogido nombre, Guiomar, misterioso y desconocido que acompaña a sus hermosas creaciones sentimentales, lamentos de amor, sobresaltos de un corazón henchido de triste felicidad. “Canciones a Guiomar” y “Otras canciones a Guiomar” construidos en versos sensuales engarzados en un entramado de poesía amorosa.

    Muchos años después de la muerte de este poeta atormentado, acaecida en circunstancias dramáticas en 1.939 y también la de su amada muchos años mas tarde, conoce el gran público la importancia de este bello nombre y la gran huella y empuje que dejó en él esta musa, que como un manantial inagotable, reverdeció su entristecida vida.

Última fotografía de Antonio Machado,
exiliado en Francia en 1939.
    Pilar de Valderrama, fue una bella mujer de la alta sociedad madrileña, escritora y poetisa, que un día, entristecida por el comportamiento desleal de su marido, el palentino Rafael Martínez Romarate, decide conocer al maestro y lo visita en Segovia. El alma solitaria de este hombre, llena de poesía y vacía de amor, nada más verla comprende que es la mujer que ha esperado siempre y ella será el amor de su vida hasta la muerte. Mantienen, Antonio y Pilar. un idilio espiritual que se nutre de continuos encuentros y numerosas cartas clandestinas que también llegan a “El Carrascal” finca montaraz, mitad monte, mitad labor, propiedad familiar que, a veinte kilómetros de Palencia, se encuentra a medio camino entre los pueblos de Paredes de Nava y Villaldavin. Allí pasó Pilar muchos veranos y otoños, y con dirección fingida, recibe cartas de su poeta amado: “Leo los últimos versos que me diste escritos en el monte palentino y te imagino allá, viendo las mismas estrellas que yo contemplo aquí…” “Que el sol de esa tierra y el aire de esas alturas, te den a ti y a los tuyos…” Ella echa sus cartas en Palencia y le dice “Por esta ventanita que da al campo/ yo me pongo a mirar/ las noches luminosas de Castilla/ cada estrellita un mundo de misterio / y en su parpadear/ se adormecen mis ojos, que quisieran/ en uno de esos mundos despertar…/Por esta ventanita que da al campo/ no se mira la vida /sino la eternidad…”

    El destino, la guerra, los separó, y el poeta herido de muerte, camino del destierro, en un ilusionado recuerdo, tuvo un último poema para Guiomar que finaliza así: “y la soñada miel de amor tardío/y la flor imposible de la rama/ que ha sentido del hacha el corte frío”.

    Pilar de Valderrama, Guiomar, vivió en estos campos montaraces que antes fueron propiedad de Jorge Manrique, aquel poeta paredeño del que decía Machado, “entre los poetas míos tiene Manrique un altar”. Manrique también tuvo un amor, y también se llamaba Guiomar. Macarena García Calderón y Paz Nájera así lo contaron en su artículo “Palencia y Guiomar. Dos musas para dos poetas”
“El Carrascal”, campo fecundo de ilusiones ya olvidadas, en donde Pilar, oliendo a jara y tomillo, esperaba inquieta las cartas de su amado, meditando entre carrascos su respuesta, fue también testigo, en aquel entonces,  de la sobria inspiración de su cuñado, el escultor Victorio Macho, que impaciente, a la caída de la tarde de aquellos veranos calurosos, esperaba otra ilusión, la llegada de un corpulento hombre que desde un pueblo cercano acudía en su borrico para posar con los brazos en cruz, junto a aquella encina grande, el esbozo incipiente del Cristo que está hoy en lo alto del otero.



José Herrero Vallejo



Caserío del llamado monte Carrascal en el término municipal de Villaldavín (Palencia), cerca de Paredes de Nava en
donde "Guiomar" pasó muchas temporadas veraniegas y en donde recibía las cartas que le enviaba Antonio Machado.

jueves, 19 de mayo de 2016

El Canal de Castilla


EL CANAL DE CASTILLA
Una vía de ilusiones


A mi amigo José Ramón López Fando.



       Amanecía, y ya un sol desbordante calentaba  la feliz mañana del día 11 de junio de 1753. La tierra se mostraba dura, compacta, virgen por milenios, pero era tal la ilusión y el empeño que se había puesto en aquella obra, que la parda arcilla  no parecía lo que era, y se dejaba levantar sin dificultad, como si también ella quisiera contribuir a tan magno acontecimiento.  Un trajín de gentes, de voces y esfuerzos, de nervios y trabajos, de caballerías, condimentado todo ello con una espesa polvareda,  hacían  realidad, aquella luminosa mañana, lo que hace ya muchos años antes, había pasado como una ráfaga de ilusión,  por la cabeza de algún despejado gobernante.

Comenzaban las obras del Canal de Castilla, esperanza de esta tierra laboriosa, que sobrada del fruto de sus esfuerzos campesinos, pretendía llevar sus ilusiones agrícolas más allá de las fronteras. Las veredas de andadura y los destartalados caminos carreteros, imposibilitaban transportar con economía los excedentes de las cosechas de trigo de la meseta castellana allá, donde tan preciado bien, era escaso.

Y fueron aquellas mentes ilustradas, aquellos gobernantes llenos de cultura y pletóricos de ansiedad por  hacer,  por sacar a la España negra del ostracismo en que estaba sumergida, los que soñaron una idea  atractiva y  al   mismo  tiempo novedosa,  para librar de su agonía las secas y polvorientas tierras de Campos. ¡Agua, agua, para estas tierras! exclamaban los esforzados hombres de la Ilustración. Agua que corra mansamente  por la llanura reseca, agua que encauzada y dirigida viaje hacia lugares lejanos,  barcazas repletas de trigo que  navegando surquen la meseta camino del  norte,  buscando tal vez el mar. Y ese sueño,  fue para esta tierra, años después,  una realidad.

Dicen que visto desde lo alto, el canal parece como si fuera una enorme serpiente  dotada con dos cabezas, una de ellas, situada en el pueblo vallisoletano de Medina de Rioseco, en donde termina el llamado ramal de Campos, cediendo sus aguas excedentes al río Sequillo y la otra, el ramal del Sur, en la capital de Valladolid, donde acaba devolviendo sus aguas, a donde las había tomado, al río Pisuerga. Además, la serpiente tiene  su cola situada en Alar del Rey, pueblo palentino donde comienza su andadura, robándole aguas al río Pisuerga,  llamado el ramal del Norte. En su largo camino de 207 Km., hace una pausa para recoger aguas del río Carrión, en el sitio llamado  Calahorra de Campos y serpentea después la llanura repartiendo verde alegría y generosa humedad, y cuando el sol se fija en estas aguas de pausado caminar,sus relucientes destellos nos ciegan y no nos dejan ver la campiña lejana que, a sus espaldas, es parda como la misma tierra.

     
Se descuelgan sus aguas buscando su destino final, en una escalada descendente de 170 metros de desnivel, retenidas en mansa corriente, con la ayuda de cincuenta esclusas construidas a lo largo de su camino, que permiten así salvar los desniveles que ofrece el terreno, facilitando el tránsito de las barcazas que navegaban arrastradas por tracción animal,cuyas pezuñas marcaban las sirgas que delimitaban las borduras laterales de su cauce.

      Fue una obra de ingeniería hidráulica colosal, en donde las piedras de sillar, restos de iglesias, palacios, conventos, yacimientos arqueológicos y demás construcciones ya perdidas, en situación de estado ruinoso, ocuparon lugar preferente en la construcción monumental de sesenta y ocho acueductos para cruzar los  arroyos y ríos, que el trazado encontraba a su paso, noventa y seis puentes de comunicación y los asociados al manejo de las esclusas, dársenas, presas, diques, artilugios de retención, edificios, viaductos, aliviaderos, viviendas para escluseros y en fin, una ingente obra destinada en la imaginación de unos a la navegación, y en la de otros, al transporte de mercancías y riegos agrícolas.
Vuelve la navegación al canal... de otra manera.

       A este bello hacer arquitectónico de cantería, se sumaba otro hacer penoso y forzado, dar cuerpo a la serpiente, a esa inmensa y alargada olla, excavando a pico y pala una arcilla apelmazada por siglos, movimientos de tierra para perfilar el cauce con el esfuerzo de numerosos peones, que a destajo y ordenados en cuadrillas de veinticinco, estaban al mando de un capataz. Y así, mil quinientos trabajadores diarios dedicados a estas labores, auxiliados ocasionalmente por prisioneros condenados  a trabajos forzados y cientos de acémilas de carga. Así tardaron estas gentes, casi un siglo, en remover este inmenso cañaveral, millones de toneladas de tierra virgen fueron desalojadas de su lecho, reforzando con ellas los terraplenes que protegían lateralmente la construcción y que permitían el paso de los caminos de sirga. Y todo ello a costa de una negra y sudorosa historia, holgada  de padeceres, enfermedades, penurias, rebeliones, castigos, epidemias y muertes. Se atendía a las necesidades humanas de aquellos trabajos, con instalaciones provisionales de estancias de descanso, lugares para la intendencia y campamentos dotados hasta de iglesia y cárcel. No faltaban destacamentos de soldados que velaban por el orden y la seguridad de toda la impedimenta desplegada para aquel trajín.


Tomado del libro "El canal de Castilla" de Juan Benito Arranz.
        No faltaron tampoco, para aprovechar la fuerza motriz generada en los saltos de agua, la aparición progresiva de edificios con destino industrial, instalándose en el curso de los años, batanes de paños de lana, centrales electrificas, almacenes de mercancías y sobre todo, molinos de cereales, que transformados en modernas fábricas harineras, jalonaron las orillas del canal en más de cincuenta lugares e hicieron, de esta industria, una transformación social y económica importante, que dio origen a la llamada "fiebre harinera" y a la famosa harina castellana.

   
Vista aérea de Sahagún el Real con su ermita y
construcciones adyacentes. Al fondo el pueblo de
Paredes de Nava.
En todo aquel
movimiento no faltaba el tesón, avaricia en el hacer, ilusiones, esfuerzos, conjuntos de gente muy distinta, como políticos, arquitectos, ingenieros, empresarios, técnicos, que tuvieron decisiones y controversias que obligaron en muchas ocasiones a la paralización de las obras y modificaciones de proyectos originales.


      Pero fue principalmente la penuria económica, motivada por las guerras y luchas políticas, la que marcó el ritmo de las obras y así, en esta ocasión que comentamos, el proyecto del ramal de Campos toma un obligado descanso en su programado recorrido, y se detiene  su excavación en el año 1.754 en un despoblado llamado Sahagún el Viejo, cerca del pueblo de Paredes de Nava. Pero a pesar de ello, continúan en él los trabajos de dotación arquitectónica, de tal forma, que en el año 1.791, ya disponía este lugar de instalaciones importantes, tales como un gran almacén de granos de alargada planta rectangular con acceso directo al embarcadero del canal, estancias para caballerías, varias casas para empleados, una amplia vivienda para el fiel, con huerta, un gran espacio de terreno y una ermita, de tal forma que este lugar se convirtió en la única nueva población fundada en el llamado ramal de Campos y tomó el nombre de Sahagun el Real, sobrenombre que también le fue dado a todas aquellas otras construcciones que se realizaron a costa del erario público, entonces en manos del rey.Y allí permanece  el proyecto estancado, en estado de letargo, pues las arcas reales no podían mantener aquel gasto,por lo que dada su importancia, la construcción pasó a iniciativa empresarial privada.


Tomado del libro "El canal de Castilla" de Juan Benito
Arranz.
El 10 de febrero de 1.842 se funda la Sociedad Anónima del Canal de Castilla, la cual se comprometía a finalizar el tramo del canal que desde Paredes terminaba en Medina de Rioseco (54 km), lo que se consigue en 1.849, figurando en el contrato  un tiempo de explotación de setenta años.

Es a partir de esta fecha cuando el canal alcanza una gran actividad en el transporte, pues en 1.860 se contabiliza un número de 365 barcazas que surcan sus aguas.Estas barcazas eran arrastradas por tracción animal ("de sangre") a expensas de ganado mular, utilizando los caminos de sirga y portaban un tonelaje variable entre 50 y 40 toneladas y no se podía navegar en  horario nocturno.

La mercancía  de transporte  era muy variada, pero  los cereales predominaban sobre todos los demás, y especialmente la harina de trigo molturada en las harineras del Canal, que desde Tierra de Campos llegaban a Alar del Rey  y desde allí, al puerto de Santander, por vía terrestre, para ser exportada a Cuba y Puerto Rico. Se había construido una camino carretero de acceso a Santander desde Reinosa, que facilitó y abarató el transporte,,ya que con anterioridad se realizaba a lomos de caballería por caminos de pezuña, lo que originaba un elevado coste de transporte. Ello originó  que partidas de  harina se quedaran en los pueblos de alrededor, donde se transformaba en pasta y otro derivados,origen tradicional de la industria galletera de Aguilar de Campoo.

En 1910 se produjo la reversión del Canal castellano al Estado, en situación de gran declive del transporte, en parte debido a la competencia del ferrocarril, y de otros medios de transporte, y especialmente la suspensión de las exportaciones harineras a Cuba y Puerto Rico,naciones ya independizadas. 

En 1955 apenas existe tráfico de transporte, y se va produciendo, año tras año, un cierto abandono e interés por el canal de transporte, que resurge con un pujante y extenso Plan de Regadíos de Tierra de Campos de 1960. En su planteamiento inicial, este canal lo destinaban conjuntamente a transporte y regadíos, pero pronto de dieron cuenta de que estos últimos  era imposible de llevarlos a cabo por la limitación de la cuantía caudal, por ello, ya entonces, se propuso la construcción de embalses, siendo el llamado de Camporredondo, sobre el río Carrión, el primero inaugurado por el rey Alfonso XIII en 1930.Una vez descartado el servicio de transporte,se recuperó su antiguo destino para riego de las secas tierras castellanas y se construyeron los embalses de Compuerto, Requejada y los llamados de Aguilar de Campoo y Cervera sobre el río Pisuerga, de tal forma que hoy se contabilizan en este hábito mas de cuarenta mil hectáreas a través del propio canal y de sus canales y acequias, como son el llamado Canal del Pisuerga, la Acequia de Palencia, la Acequia de Retención y el Canal de Macías Picavea.

En el año 1994,conscientes de las necesidades supletorias de caudales de agua para el regadío,se iniciaron las obras del canal del Cea-Carrión, con aguas procedentes del pantano de Riaño, que en una longitud de 47 km y con una capacidad en origen de 20 m3/segundo,aporta estos recursos desde el río Cea hasta el mismo Canal de Castilla, en el tramo próximo al pueblo palentino de Fuentes de Nava. 

 En su verde, airoso y lento recorrido, engalana hoy los campos de húmeda alegría, exhibe con orgullo su pétrea y bella arquitectura, y generoso, provee de liquido elemento a más de cuatrocientas mil sedientas bocas castellanas.

 Hace más de 15 años que esta obra fue declarada Bien de Interés Cultural y quizás,  olvidado entonces tal proyecto, ha renacido de nuevo por la fuerza que su propia  importancia irradia, atrayendo el interés de las instituciones, pues desde hace algún tiempo vuelve  el Canal de Castilla a ser  noticia turística. Sin embargo, creo que este interés está sumergido en un vaivén que depende de épocas e intereses políticos, pero no deja por ello de ser una obra de arte monumental y uno de los logros más importantes de toda la historia de la ingeniería hidráulica española.

Al final, este canal, ilusión de los ilustrados del siglo XVIII, después de tantas aventuras, ha conseguido ser,en los tiempos actuales,una verdadera joya castellana, que cuidado y mantenido por las autoridades competentes,riega las ya fértiles tierras  y  alegra con su silueta y  con su verdor, la austeridad castellana.




Fotografía de la iglesia de Sahagún el Viejo.

Pinchar para agrandar. Archivo Confederación Hidrográfica del Duero.

Pinchar para agrandar. Tomado de "Paredes de Nava, imágenes de ayer"






Canal de Castilla, documentación (pinchar para visitar)



Grigori Perelman prefiere las lentejas


GRIGORI   PERELMAN  PREFIERE  LAS  LENTEJAS

Grigori Perelman, matemático ruso
de origen judío nacido en Leningrado en 1966.
El quehacer científico no se encuentra entre aquellos que rinden importantes beneficios económicos, y puesto que no se espera recompensa económica ¿qué puede mover a algunas personas a consagrar su vida a la investigación? La respuesta depende de cada caso individual,pero generalizando, dos son los aspectos fundamentales que componen la vocación de la mayoría de los científicos. Por un lado, la irresistible curiosidad por la naturaleza, el deseo de comprenderla y comprender las leyes que la rigen. El científico de vocación, no descansa cuando abandona su lugar de trabajo, se lleva sus problemas a casa, no se olvida de ellos, come y cena con ellos y, además los sueña, y al levantarse, se los encuentra también en su pensamiento. El científico ha nacido así y ello le ha llevado a elegir su forma, su modo de vida y vive su vida consecuentemente, con deleite, con alegría, paladeando con satisfacción todo aquello que su imaginativa mente le ha llevado a conocer. Por otro lado, en contraposición y quizá con más interés que el propio deseo de riquezas, el científico busca en general el gusto por la gloria, no renuncia al reconocimiento por parte de los congéneres de sus propios logros, ya que parece ser que ello, la gloria, forma parte de la propia naturaleza humana.

Nuestra sociedad, atenta a tales necesidades espirituales, ha creado para disfrute de estos científicos, medios compensatorios de disfrute y vanagloria y así nacieron, hace ya siglos,  los premios y distinciones de grata resonancia en el mundo científico y en la sociedad entera. Y con ellos surgió, como es lógico, la natural carrera de unos y otros por conseguir tales honores.

En estos últimos tiempos,  algunos sectores de la sociedad mundial, se preguntan si los honores y los premios son deseables y algunos, los más extremistas, sugieren y solicitan a los gobiernos e instituciones su abolición,  alegando que estos, la mayoría de las ocasiones corresponden a inevitables presiones  e influencias de “los cofrades de una misma cofradía”. Habría seguramente, dicen, más dignidad en el mundo de la creatividad, si científicos y artistas no tuvieran premios.

En 2010 rechazó un premio de resolución
matemática por valor de un millón de dólares.
Estos pensamientos o maneras de ver las cosas de la vida, asaltaron hace siglos al famoso y cautivante sabio griego Diógenes, cuya figura se ha convertido en leyenda y su vida está llena de anécdotas, todas ellas basadas en la crítica despiadada y burla de las instituciones sociales. Dice una de ellas que,  encontrándose Diógenes  en absoluta austeridad, con vestimenta descuidada y sentado a la entrada del barril donde vivía, comiendo  lentejas, se le acercó un alto funcionario que le afeó su conducta animándole, dada su reconocida sabiduría, a abandonar esa vida y recibir, como merecía, lisonjas y honores de los poderosos. Diógenes, que vivía según sus propios valores y amaba la autosuficiencia, le respondió diciéndole que fuera el mismo el que aprendiera a comer lentejas, así no tendría necesidad de adular a unos y otros, porque comiendo sus  propias lentejas, se encontraría a si mismo y a su propia felicidad, sin necesidades de. otros

Grigori Perelman, la mente matemática más prestigiosa de los últimos tiempos, ganador de la medalla Fields 2006, descubridor de uno de los problemas matemáticos más complicados de los últimos tiempos, no acudió al Congreso  Internacional de Matemáticos de Madrid a recoger su premio de las manos de nuestro Rey Juan Carlos.

Perelman no quiere que se fijen en él, ha preferido seguir viviendo modestamente, con su madre, en San Petesburgo, degustando y saboreando sus propias lentejas, que para eso son de su propia cosecha. 


José Herrero Vallejo

Los pastores están de fiesta


LOS PASTORES ESTÁN DE FIESTA

De ellos, de los pastores, se cuentan pocas cosas. Sus venturas y padeceres, apenas a las gentes interesan. Callados y solitarios, hacen suyos sus problemas, amantes de libertad, viven acompañados  de  cielos azules, de pardas llanuras, de vientos y de lluvias, de rastrojos y barbechos, de pastos, de parideras, de noches de cielo raso a la luz de las estrellas, de ilusiones, de ganas de vivir... así sienten  la vida.
 Fieles a la tradición, conservan sus costumbres como pueden, pero entre todas ellas hay una que permanece arraigada en sus corazones, inalterable en el paso de los siglos, deseada por todos, esperada con ansiedad. Pero ahora, en estas tierras de Campos, faltan muchos pastores, dicen que cada día  son  menos, muchos menos de los  que fueron, de los que antes eran.
 Y debe de ser verdad, solo hay que acudir un día en el que todos  están juntos, un único día al año, el día de la Virgen del Carmen, su patrona,  para  ver que la pequeña ermita a todos  les da cabida, incluso hay sitio para más. Es día solemne, día de Misa Mayor y aquí también siguen siendo ellos, los de siempre, y lo hacen como siempre lo han hecho. El Mayordomo de la Cofradía y sus Cofrades ocupan de pié un lugar preferente delante del altar. No hay asientos y el suelo es de vieja baldosa roja castellana, de barro cocido como la misma tierra, desgastada allí donde precisamente ellos ocupan sus sitios, sitios que otros fueron dejando en el discurrir de años, de siglos.
 Es día grande, día de fiesta mayor y sus rostros viriles castellanos, curtidos de soles y vientos, relucen al afeitado cuidadoso, repetido y apurado. Relucen también sus cuerpos con los trajes nuevos de ayer, de cuando se casaron, que huelen a arca, a paño  guardado entre tomillos y  olores silvestres  que ahuyentan las polillas. La camisa blanca abotonada hasta arriba y así con devoción, con amor, con emoción cantan a su patrona los mismos cánticos de siempre, con voz grave, sonora, entonada en un aprendizaje que comenzó en la juventud. En la mano izquierda mantienen la gorra negra destinada a la fiesta,  que aunque nueva, es también de entonces,  y algunos de ellos , los que  este año cumplen de cofrades, mantienen con la diestra la vara cofradera de madera y de plata coronada y la sujetan firmemente con esas manos rudas, endurecidas, agarrotadas, sudorosas y por que no decirlo, de emoción, hoy también temblorosas.
Y así, destocados y desprendidos  de morrales y bagajes, se muestran a la Virgen tal como son, hombres de cuerpo menudo, enjuto y fibroso, con visos de poca  necesidad material, de pocos regalos corporales.
 Y ellos, desde los días que se pierden en la eternidad de los tiempos,  dirigen sus plegarias a esta Virgen de semblanza diminuta que se encuentra  en lugar preferente en el altar, alzada sobre un pilar, con rasgos suaves, de bella cara femenina, adornado su cuerpo con encajes y sedosas puntillas blancas. Cuando estos rostros de mil soles arrugados, dirigen al altar  sus plegarias, parece que Ella  les mira  e incluso asiente cuando le  piden que este año haya buena paridera, que haya buena otoñada, que la primavera traiga lluvias, que los rebaños no enfermen, que... tantas cosas de las que nosotros no entendemos, no sabemos, sólo Ella les comprende.
Y cuando todo parece que termina, empieza la procesión. Sacan a la Virgen  de su ermita y alrededor de ella la llevan en andas portadas con  paso lento, que quiere ser solemne. El pendón de la Cofradía abre paso y  cuelgan cintas  que portan los zagales y el Mayordomo y los Cofrades, con caras serias, de circunstancia, con sus capas pardas y vara cofradera rodean a la Virgen  y detrás de todos ellos, tamboril,  dulzainero y un tropel.
 Y para festejar día tan señalado,  agasajan a las gentes  con almendras y avellanas tostadas, y se reparten salazones, tiras de bacalao curado y bien salado que obliga a mucho vino y mucho pan, con lo que calman las emociones de ese día, alivian las necesidades corporales y alegran los corazones.
           
Y bien pasado el mediodía, hay comida de Hermandad y sobre esas mesas corridas de rústica madera y sentados sobre bancos ya muy usados, aparecen humeantes fuentes ovaladas de barro, fuentes repletas de cuartos de lechazo bien asado, crujientes y dorados, elaborados en  hornos enrojecidos con leña de viejas encinas, hornos en donde también hacen los panes, panes redondos y blanquecinos de masa trabajada hasta el cansancio, que todavía calientes, exhiben los adornos y distintivos de cada maestro panadero. Y otra cosa podía faltar, pero  no el vino, vino  del  año con burbujas, como la misma tónica Schweeps, que aquí llaman de chispillas, con sabor a lagareta, al pez de los  pellejos  en  donde  el vino  descansa  en las  bodegas, sabor fuerte y peculiar que gusta   por estas tierras. Y este vino ligero, de suave rojo tintado, va pasando desde las cántaras todavía frescas de la bodega  a las jarrillas de cuartillo y a veces, de un solo trago, a estas sedientas gargantas.
         Y cuando  la mesa se va llenando de restos del asado, de huesos ya bien limpios y orondos, se oyen las primeras conversaciones y los útiles del condumio, las navajas, ya limpias y relucientes, las guardan de nuevo en los bolsillos y se sacan las pastas y muy animados, se hace el recuento de las ofrendas. Se cuentan hasta una docena de borregas las ofrecidas hoy a la Virgen y todos saben que al año siguiente, cuando en junio se haga el esquileo, las borregas elegidas, las mejores, las más finas, las escogidas entre todas del rebaño , serán marcadas, melada como ellos dicen, con la mela de la Virgen, con la señal que la distingue de todas las demás. Y la entregan  a su Dueña, y el Mayordomo  las distribuye  en los rebaños, y todos los pastores quieren llevar borregas de la Virgen. Y avanzada la tarde, siguen hablando de ovejas, de pastos, de... del hijo que no quiere ser zagal y de muchas otras cosas que ellos solamente saben. 
 Mañana será otro día, y muy temprano, casi entre dos luces, cargarán al hombro la manta de cuadros, el morral, la bota, cogerán la inseparable cachaba, llamarán a los perros, abrirán la cancilla del aprisco y entre un tropel de balidos  avanzarán, iluminados del resplandor de  la mañana, hacia la llanura  de siempre que les espera impaciente, todavía húmeda del roció de la noche. Y... cuando de regreso, los rebaños atraviesen el pueblo para llegar a sus tenadas,  los niños y las gentes se fijarán en ellos y los señalarán con el dedo cuando distingan una borrega de la Virgen y el pastor, ufano, desfilará erguido al frente de su rebaño, con paso recio y solemne, orgulloso y satisfecho de tales distinciones.
Pero ellos se van..., se van yendo y la llanura cada día parece más triste y solitaria.

José Herrero Vallejo



Se marchan... pero volverán


SE MARCHAN  LOS PASTORES  … PERO ELLOS  VOLVERÁN

a mis amigos Severino y Emiliano,
pastores de Paredes,
en recuerdo de las noches vividas
a la luz de las estrellas,
allá donde estén.

Se han ido, se van marchando nuestros pastores y ya apenas los vemos en estas tierras agrícolas de la comarca palentina de Campos, tierras que en otros tiempos fueron para ellos su vida, el sustento de sus hogares,  de sus rebaños y también motivo de rivalidades de unos con los otros por defender para ellos el pasto seco y escaso de la llanura.

Siempre estaban allí, en el campo, de sol a sol, sin importarles ni la hora, ni el día o tiempo que hiciere. Aprovechaban con fruición cuando estos campos ofrecían y si no había alimento, lo buscaban deambulando por caminos y veredas, campo a través, donde el hambre de sus rebaños les llevara.

Siempre estaban, los veíamos a nuestro paso acelerado por las carreteras, y acostumbrados a su presencia, pasábamos indiferentes como si ellos también formaran parte del paisaje. Y allí, en la lejanía, permanecían pacientes, confundido el blanco pastoril del rebaño con los pardos colores de la llanura y el pastor,  como una atalaya viviente, vigilaba cuanto en ella sucedía.  

Al ir o volver, ocupaban caminos y calzadas y todos les dejábamos paso y observábamos curiosos aquel desfile que parecía cansino cuando al anochecer volvían a los rediles, paso vivo y acelerado en su camino matinal hacia los pastos.


Apenas ahora los vemos y tampoco son como eran antes, ya no tienen el porte señorial que tenían, y sus atuendos tampoco son, e incluso su caminar y su estar son otros. Dicen que muchos de ellos no son de aquí, que vienen de tierras lejanas. Los hijos de los de antes, los que llevan el arraigo,  la estirpe pastoril, ya no quieren ser, y aunque quisieran, ya no pueden, los tiempos son otros, han pasado las épocas del esfuerzo y la ambición, la modernidad ha llegado a estos campos, y la llanura, desconsolada, permanece desierta.

Se fueron aquellos tiempos en que cientos, miles de rebaños de esta Tierra de Campos, esperaban impacientes el nuevo día y su pastor, compuesto y animoso, abría la cancela del aprisco y un tropel de variopintos colores, orquestados de balidos que inundaban de alegría la llanura. Y así, tantos y tantos días, toda la vida sustentando sus rebaños con lo que sobraba en los campos, en una tierra donde nada se deja, porque se quiere, se necesita todo. Las yerbas de los caminos, la de las eras, la de arroyos y cunetas, todo servía y no digamos cuando llegaba la rastrojera, aquellos escasos restos de grano y paja que abandonaban en las tierras los labradores, era para ellos un festín.

Con escasa economía, mucho esfuerzo y sabiduría pastoril, contribuyeron  estas gentes a mantener una economía pujante y sus lechazos churros y magníficos quesos, siguen siendo hoy un producto de primera calidad solicitados por todos los mercados.


Las explotaciones cerealistas de esta comarca llevan más de cuarenta años atravesando un desierto sin horizontes de esperanza, son incapaces hoy en día de llenar los graneros a la altura que los tiempos actuales solicitan, sus producciones no cubren apenas sus gastos y necesitan ayuda, subvenciones económicas, propinas para el campo, dicen algunos. Y estas subvenciones, las de hoy, porque mañana ya no habrá, no se quedan aquí, se desvían a otros destinos, porque el agricultor ha perdido la confianza en el campo y desorientado, busca otros caminos y abandona también lo que tanto amó.

Labranzas y labradores tendrán que cambiar su estrategia y buscar una fuerte alianza con la ganadería, destinando su actividad agrícola a producciones forrajeras y herbáceas para lo que estas tierras nuestras están tan bien dotadas, y destinar estos productos, al consumo directo de una floreciente ganadería, evitando la comodidad que supone el que su valor añadido se vaya a las ganaderías del norte, como ahora ocurre.

Cuando esto suceda, cuando nuestra agricultura tenga una clara orientación  agropecuaria, cuando nuestros hombres vuelvan a confiar en ellos mismos y recobren la ambición que tuvieron sus abuelos, entonces volverán nuestros pastores transformados en hombres de empresa al frente de importantes explotaciones estabuladas de ganado lanar productoras de leche, de carne, al frente de mataderos, de salas de despiece, de naves de congelación, de fabricas de queso, de piensos compuestos. De tantas cosas.


                                                                                                 
                                                           José Herrero Vallejo




domingo, 15 de mayo de 2016

Homenaje “in memorian” a Eladio Torres y sus acuarelas




HOMENAJE "IN MEMORIAN" A ELADIO TORRES Y SUS ACUARELAS



  Hoy es un día de gran satisfacción para todos nosotros por dos motivos fundamentales, el primero, porque hemos cumplido con el sagrado deber de homenajear a un entrañable amigo que se fue, al pintor que tenía en la retina de sus  ojos el color y la luz de nuestra Tierra de Campos. El segundo motivo, es que estamos aquí gentes de diversos lugares de  Tierra de Campos que antes no nos conocíamos o nos manteníamos distantes, y estamos  reunidos por el recuerdo de Eladio, de un amigo que sin parecer que hacía, disimulando y conocedor de todos nosotros, visitando a los amigos, en charlas y tertulias, con afabilidad, nos fue transmitiendo la idea, su ilusión, de que teníamos que redimir esta Tierra de nuestro olvido y de nuestro abandono, de recuperar en lo posible su esplendor artístico y cultural, que había que esforzarse en su promoción y desarrollo económico, y que teníamos que ser nosotros, todos juntos, sin distinción  de unos u otros, porque de esta manera, la unión, como él decía, será nuestra fuerza. Y esta idea se ha ido materializando en lo que el llamó  Asociación Tierras del Renacimiento, que agrupa las ilusiones de los pueblos de Paredes de Nava, Becerril de Campos, Fuentes de Nava y Cisneros de Campos, y supongo que en futuro próximo, alguno otros pueblos. Su idea, esta idea, ha sido recogida por las asociaciones culturales, por sus alcaldes y corporaciones locales, por las autoridades provinciales y autonómicas. Gracias Eladio



Acarreo de mies, en grandes y panzudos carros, desde los campos de rastrojo hasta la misma era, en donde el trigo una vez limpio se almacena en grandes sacos para su posterior transporte a la panera..
La trilla con varías caballerías que arrastran el trillo, que se almacena en grandes montones de trigo y paja llamados parvas.
Pastoreando en la llanura.
La trilla al pleno sol del mediodía con la silueta del pueblo de Paredes al fondo.
Recogiendo la trilla y aparvándola en voluminosos montones de trigo y paja que esperan su aventado al cierzo del atardecer.
Esparciendo y preparando la mies para ser trillada al sol del mediodía.
La rudimentaria y novedosa segadora-agavilladora de la firma Ajuria-Aranzábal, que llegó a estas tierras a mediados del siglo pasado, dejó sin trabajo a muchos brazos segadores.
Van hacia los pastos por el camino de los palomares, de gruesos y circulares muros de adobe, donde anida la paloma campera y cría los famosos pichones que por aquí llaman palominos.

José Herrero Vallejo